sábado, 31 de mayo de 2014

El Psicoanálisis y el Fraude- Fraudes de Freud IV El Caso Schreber

El Caso del Juez Schreber, o Cómo Psicoanalizar un libro.



Paciente: El libro Memorias de mi enfermedad mental (1903) que escribió Daniel Schreber.
Terapeuta: Freud.
Aflicción: Schreber era esquizofrénico, pero el libro estaba en buenas condiciones.
Terapia empleada: Crítica literaria –Freud nunca vio al paciente.
Resultado: El libro se ajó un poco y acaso presentó ciertas marcas, como subrayado, o anotaciones.

Daniel Schreber era un juez alemán que fue internado por “demencia precoz” (término empleado a veces para esquizofrenia) entre 1893 y 1902, y describió sus extraordinarias experiencias en el libro “Memorias de mi enfermedad mental”, de 1903. Freud tomaría este libro y, sin haberse comunicado jamás con el autor, explicaría cumplidamente su caso, gracias a sus notables dotes especulativas y su incomparable falta de rigor: Schreber era homosexual, y todos los paranoicos lo eran (La hipótesis de la paranoia causada por la homosexualidad reprimida es una de las hipótesis que toma Grünbaum para refutar el Psicoanálisis; a diferencia de Popper, Grünbaum creía que el Psicoanálisis tenía una parte refutable, y de hecho lo prueba, refutándolo).
Jones, el conocido biógrafo y fanático de Freud, diría del caso:

“La cuarta observación detallada, publicada en 1911, es tanto más notable cuanto que Freud nunca tuvo la ocasión de encontrarse con el enfermo en cuestión.”
Freud, psicoanalizando libros.
 Por supuesto, nunca existió aquí asociación libre, ni divanes, ni interpretaciones de sueños, ni lapsus, ni largas sesiones de cháchara. Schreber no habló sobre su familia, ni sobre su infancia. Los hechos de la enfermedad no fueron presentados en orden cronológico, y parte del texto fue censurado por los editores. Es decir, no hay un solo punto en que se pueda hablar de análisis y, misterios del freudismo, se considera uno de los cinco grandes casos del Psicoanálisis.
Según se sabe, el padre de Schreber era un ortopedista que buscaba corregir a los niños mediante el uso de aparatos destinados a mejorar la postura, entre otras cosas. Publicó varios trabajos al respecto que Freud nunca leyó, y se supone que intervino en la enfermedad mental de su hijo, a juzgar por  algunos de los síntomas por él referidos.
Ilustración de uno de los libros del padre de Schreber.

Sin embargo, no está del todo claro que el padre sometiera a Daniel Schreber a sus inventos ortopédicos, o que haya sido un padre severo. De hecho recomendaba ser “alegre con el niño, hablarle, reír, cantar y jugar con él”, elogiarlo cuando se lo merecía, y no hacer al “niño el esclavo de una voluntad que no  era la suya”.
Sin embargo, Freud no dudaba al respecto: por una parte lo presenta como un “padre excelente” en su relato del caso en “Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente” (1911), y en sus cartas a Ferenczi, lo menciona como “un tirano doméstico”.
Freud interpreta:

“Un padre de tal manera superior era evidentemente propicio a su transformación en Dios en la memoria afectuosa de su  hijo.”

Sulloway lo aclara:

“En efecto, según Freud, es “el hecho de que la tonalidad del complejo paternal era positiva”  y “sin nubes” lo que permitió finalmente a Schreber aceptar sus fantasías homosexuales y conseguir  una curación parcial. El “tirano doméstico” fue pues transfigurado por Freud en un “padre  excelente” en la historia del caso publicado”. 
Otra ilustración de un libro de Moritz Schreber.
Esto se debía a que Freud quería probar a toda costa que Schreber era homosexual, y que la causa de la paranoia era la homosexualidad reprimida (en el caso del Juez, deseos homosexuales hacia su padre).
Meme de la foca freudiana.
Daniel Schreber nunca dio pruebas de homosexualidad antes de su internación, y sólo durante su enfermedad pensó que:

 “…debe ser muy agradable ser una mujer  experimentando el acoplamiento sexual.”

Atribuía esta idea a una comunicación telepática de su psiquiatra, Paul Flechsig, a quien acusaba de intentos sexuales contra él.
Entre sus delirios, El Juez creía que su médico y Dios estaban tratando de convertirlo en mujer, algo que lo horrorizaba, aunque finalmente decidiría aceptar este plan, en tanto de él dependía la salvación del mundo.
El delirio de Schreber era curioso. Como San Francisco de Asís, Schreber hablaba con el sol, las aves, los árboles, con Dios. Decía que sus órganos habían sido cambiados, y que de su transformación en mujer dependía, de modo misterioso, la salvación de la humanidad.

Schreber, brillante jurista a pesar de sus desvaríos, logró convencer a un tribunal alemán de su relativa cordura, con lo que consiguió la libertad. Lamentablemente, hechos desafortunados agravaron  su enfermedad y volvió a ser internado en 1907, hasta su muerte en 1911.

Lacan y Schreber.

En su Seminario III Sobre la cuestión de la psicosis (1955-1956) Lacan retoma el tema, y sigue analizando libros.
Como es inevitable en Lacan, nos encontramos con las referencias arbitrarias: San Agustín, Leibniz, Aristóteles, Descartes, Einstein, Spinoza, Merleau Ponty, Bergson, Kant, Plotino, Epicuro, Platón, Nietzsche, Heidegger, Hegel, Sartre, etc.

Veamos un ejemplo de referencia arbitraria:

“No es una excursión que, como dice Platón, sea discordante y peque contra el tono analítico.” (Seminario 3. Clase 11. Del rechazo de un significante primordial. 15-2-1956)

La función de Platón en esa frase es puro snobismo.

No faltan los errores gruesos en materias sencillas, como la retórica:

“Su gavilla no era avara ni odiosa—Víctor Hugo. Esta es una metáfora.” (Seminario 3. Clase 17. Metáfora y Metonimia: "Su gavilla no era avara ni odiosa". 2-5-1956).

No, eso es metonimia. Es divertido saber que este ejemplo fue tomado de la entrada “Metáfora”, del Diccionario Quillet.

Sinsentidos lingüísticos:

 “Hay pronombres personales que se declinan, yo, me, tú, te, él, le, etcétera. En el registro me, te, le, el pronombre personal es pasible de ser elidido, en el otro, yo (moi), tu (toi), el (lui), no se eliden.”(Seminario 3. Clase 20. El llamado, la alusión. Conferencia: Freud en el siglo.-5- 1956).

Hay que aclarar que Lacan establece sobre esto una hipótesis, inútil para todos los hablantes de español, árabe, hebreo, latín, turco, italiano, etc. que pueden elidir sin problema los pronombres personales, sin mencionar las lenguas sin pronombres, como el japonés, o sin sujeto como todas las lenguas ergativas. Esto es errar en grande: cuando se propone algo que fracasa inmediatamente en cientos de millones de casos

Más sinsentidos lingüísticos (además de contradicciones lógicas)…

“Si hay algo mediante lo cual la palabra llega a combinarse con una función vocal absolutamente a-significante, y que empero contiene todos los significantes posibles, es precisamente lo que nos estremece en el alarido del perro ante la luna.” (Seminario 3. 10. Del significante en lo real y del milagro del alarido. 8-2-1956).

Un grito inarticulado no es un significante;  si seguimos las definiciones de Saussure, un significante designa algo (“árbol”, por ejemplo), y es un componente del signo lingüístico, junto al significado.

El grado de arbitrariedad es sumo:

“Es curioso que Konrad Lorenz, a pesar de no haber asistido a mis seminarios, sintiera la necesidad de encabezar su libro con la imagen, muy bonita y enigmática, del picón macho ante el espejo. ¿Qué hace? Baja el pico, está en posición oblicua, la cola al aire, el pico hacia abajo, posición que sólo adopta cuando con su pico va a cavar la arena para hacer sus agujeros. En otros términos, su imagen en el espejo no le es indiferente, si bien no lo introduce al conjunto del ciclo del comportamiento erótico cuyo efecto sería ponerlo en esa reacción límite entre eros y agresividad señalada por el horadamiento del agujero.”

Interpreta la portada de un libro, de la que saca conclusiones…
 “Esta imagen es funcionalmente esencial en el hombre, en tanto le brinda el complemento ortopédico de la insuficiencia nativa, del desconcierto, o desacuerdo constitutivo, vinculados a la prematuración del nacimiento.” (Seminario 3. Clase 7. La disolución imaginaria. 18 -2- 1956).

No hay ninguna razón para considerar esa “prematuración” de los nacimientos, parte errada y central de las teorías lacanianas, que trataremos en otra parte.

Al Igual que Freud, Lacan no se avergüenza de analizar un libro de memorias, que además fue censurado por sus editores. Respecto a un capítulo faltante, Lacan transforma la necesidad en virtud:

“Sabemos, empero, que incluía  comentarios respecto a su familia, que probablemente nos aclararían su delirio inaugural en relación a su padre o a su hermano, o a alguno de sus familiares, y los así llamados elementos transferenciales significativos. Pero no tenemos por qué lamentar demasiado, después de todo, esta censura. A veces un exceso de detalles impide ver las características formales fundamentales.” (Seminario 3. Clase 6. El fenómeno psicótico y su mecanismo. 11-1-1956).

Entre falos, agujeros, hiperespacios, topologías, más  referencias arbitrarias (Malebranche, Heráclito, etc.) e indignantes pseudoformalizaciones matemáticas Lacan insiste con el caso, en Escritos  II, De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis (1958).

Nos explica otra vez su afición por analizar libros:

“En cuanto a nosotros, puesto que con Freud hemos escogido confiar en un texto que, con la salvedad de esas mutilaciones, sin duda lamentables, sigue siendo un documento cuyas garantías de credibilidad le igualan con las más elevadas.”
Dibujito de Schreber, para ilustrar sus delirios.
Nos regala pasajes realmente payasescos:

“Pues si nos remitimos a la obra de Daniel Gottlob Moritz Schreber, fundador de un instituto de ortopedia en la Universidad de Leipzig, educador (…) iniciador de esos cachitos de verdor destinados a alimentar en el empleado un idealismo hortelano (…) podemos considerar como rebasados los límites en que lo nativo y lo natal van a la naturaleza, a lo natural, al naturismo, incluso a la naturalización, en que lo virtuoso resulta vertiginoso, el legado liga, la salvación saltación, en que lo puro bordea lo malempeorial, y en que no nos asombra que el niño, a la manera del grumete de la pesca célebre de Prévert, mande a paseo a la ballena de la impostura, después de haber traspasado, según la ocurrencia de este trozo inmortal, su trama de padre a parte.”

O esta joya, que recuerda ligeramente a Rabelais:

“Término en el que culmina el proceso por el cual el significante se ha "desencadenado" en lo real, después de que se abrió la quiebra del Nombre-del-Padre -es decir del significante que en el Otro, en cuanto lugar del significante, es el significante del Otro en cuanto lugar de la ley.”

Y nos da alguna pista del rigor de su práctica:

“Queda el hecho de que el inconsciente se preocupa más del significante que del significado, y que "feu mon pére" ("mi difunto padre") puede querer decir que este era el fuego (feu) de Dios, o incluso dar contra él la orden de: ¡fuego!”

“Así, sabemos que, modificando la costumbre que quiere que entre uno en su deceso con los pies por delante, nuestro paciente, por no franquearlo más que en tránsito, se complació en mantenerse con los pies fuera, es decir sacándolos por la ventana bajo el tendencioso pretexto de buscar el fresco renovando tal vez así (…) la presentación de su nacimiento.”

Podemos ver que las interpretaciones de Lacan no tienen nada que envidiar a las alucinaciones de Schreber.

Si les parece que estoy siendo deliberadamente disperso, deberían leer las doscientas y tantas páginas del Seminario III y el artículo en cuestión. En todo ese fárrago de papel desperdiciado Lacan no llega a decir casi nada sobre el caso, excepto regodearse en digresiones, mencionar una y otra vez los neologismos de Schreber, o atribuir la enfermedad –real y concreta- a incomprobables instancias abstractas como “el Nombre del Padre”, la recepción de “La Ley”, insospechados deseos de “ser el Falo”, etc. Y esta es la técnica de Freud, que en algún momento abandonó las explicaciones por sucesos realmente ocurridos (por ejemplo, seducción), y la remplazo con la más cómoda idea de sucesos fantaseados, y a menudo, inconscientes. Después de todo, ¿cómo habríamos de comprobar si el paciente fantaseó realmente con algo? ¿O que le fue negada la “Ley”, o “el Nombre del Padre”?
Fuentes:

Resumen del caso y las referencias en
Sulloway, Frank:  Reassessing Freud's Case Histories (1991).


Freud: Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente (1911).
   Schreber, Daniel:  Memorias de un enfermo nervioso (1903).
Niederland, W. G.: The ‘miracled-up’ world of Schreber's childhood (1959).
                             Schreber: Father and son (1959)
                             Schreber's father (1960)
                             Further data and  memorabilia pertaining to the Schreber case (1980)
Schatzman, M.:     Soul Murder: Persecution in the Family (1973).
Israëls, H.:  Schreber: Father and Son, Madison, (1989).
Lothane, Z.: Schreber, Freud, Flechsing, and Weber revisited: An inquiry into methods of Interpretation (1989).
                      In Defense of Schreber (1992).
Lacan: Seminario III Sobre la cuestión de la psicosis (1955-1956).
             Escritos  II, De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis (1958).

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